Opinión 

El comentario de hoy, jueves 17 de diciembre 2020

El proceso educativo durante la contingencia por la pandemia ha sido complejo. Las clases por televisión o internet, no han tenido –presumo- el éxito esperado. Ni en el sistema público ni en el privado. Es una modalidad de emergencia, es cierto, pero anclada en donde hay muchas carencias en materia de comunicaciones. En los centros urbanos es una cosa. En las comunidades alejadas la situación es otra, muy diferente.

Hay que decirlo: muchos maestros afiliados al llamado Cártel 22, han tomado la pandemia como tiempo de vacaciones. Sólo se aparecen en la quincena o a fin de mes. Ya se acostumbraron. El impacto en el proceso enseñanza-aprendizaje se resentirá muy pronto. Las famosas cartillas para encargar tareas o cargas de trabajo no han funcionado sino relativamente. En las zonas rurales al ausentismo escolar es evidente.

Mucho se ha dicho que la educación de los niños y niñas es una tarea tripartita: maestros, alumnos y padres de familia. El problema es cuando éstos tienen que salir a trabajar. Desde el momento en que se dejaron las clases presenciales, participar en el proceso educativo se convirtió en una carga adicional para los padres y madres. Hay quienes son amas de casa, pero muchas otras no lo son. ¿Quién verifica que sus hijos estén atendiendo las clases por televisión o por internet?

En algunas escuelas privadas, la familia se ha concebido no sólo como una parte que coadyuve en el proceso enseñanza-aprendizaje, sino prácticamente como la responsable que sustituya la ausencia física del maestro. Cualquier incidencia mayor o menor es reportada. Y se presume, de manera equivocada, que padre o madre deben estar ahí, cerca del alumno, durante el tiempo que tarden las clases. Si se conecta a internet o no. O si se desconecta. Si apaga la cámara. La pregunta es: ¿entonces quién trabaja?

Esto es, la nueva modalidad de las clases en casa, por la emergencia sanitaria, también ha sido un factor de estrés, tensión emocional y presión adicional, que se refleja en estados de ánimo complejos que afectan por igual a alumnos y padres de familia. Situación que no ocurre en tiempos de clases presenciales. Lo grave es que esto seguirá, como han dicho la Secretaría de Educación Pública y el Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca (IEEPO), hasta que Oaxaca esté en semáforo epidemiológico verde. Si a ello agregamos que, el calendario de vacunación se habrá de prolongar durante todo 2021, las cosas no habrán de mejorar en lo que se refiere a la educación. (JPA)

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