Opinión 

El comentario de hoy, jueves 15 de julio 2021

Por segundo año consecutivo, el mes de julio no es el mismo al que nos acostumbramos desde hace décadas. El ambiente festivo, de tradición y cultura se ve menguado por la preocupación de una tercera ola de Covid-19. Miles de turistas han llegado. Pero no en la proporción que años anteriores. Y es la gran atracción que tiene nuestra capital y los Valles Centrales, ante los visitantes potenciales que buscan estos destinos.

Nuestro evento folklórico más conocido y famoso, La Guelaguetza, de nueva cuenta fue suspendido. Desde aquel lejano año de 1932, cuando un grupo de oaxaqueños notables creó el famoso Homenaje Racial, que devino después en los Lunes del Cerro y, hasta años recientes en Guelaguetza, hasta nuestros días, es la tercera vez que se suspende. La primera, en 2006, cuando un grupo de facinerosos quemó el templete, mientras el magisterio y la tristemente célebre Asamblea Popular del Pueblo de Oaxaca –la APPO- con el argumento de que se trataba de un evento burgués, obligó al gobierno a suspenderlo.

El movimiento magisterial obtuvo como prebenda, los recursos económicos que desde entonces ya están etiquetados de manera oficial, para realizar la llamada Guelaguetza popular. Lo mismo, sólo que con un ingrediente adicional: la visión ideológica torcida, de que dicho evento es para el pueblo y no para los ricos. Al final de todo fue la conveniencia y no la convicción. Tal vez ésta fue una de las causas por las que el movimiento social y político de ese año nunca permeó a nivel nacional.

El año pasado y éste, por evidentes razones de salud pública, también ha sido suspendida. Cuestión de ver el impacto económico que ha tenido. Y no sólo en los hoteles, restaurantes, agencias de viajes, mercados y tiendas de artesanías, sino en todo un entorno comercial. Desde las familias que venden sombreros para cubrirse del sol, en espacios del Cerro de “El Fortín”, hasta las señoras que elaboran empanadas o comida tradicional; nieves o dulces regionales, entre otros muchos productos que Oaxaca ofrece al mundo.

La idea es pues, con lo que tenemos, tratar de hacer de julio un mes de fiesta, de remembranza de nuestra tradición ancestral. Tratar de aprovechar la escasa afluencia de visitantes y darles lo mejor que los oaxaqueños podemos aportar a quienes nos visitan. Evitar los abusos. Hacer de estos tiempos de penurias, tiempos de esperanza. Pero sobre todo, cuidar al turismo y cuidarnos todos. El mal pende sobre nosotros. No bajar la guardia. (JPA)

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