Opinión 

El comentario de hoy, martes 7 de marzo de 2017

Oaxaca, de ello no hay duda, vive tiempos de penurias. La anterior administración dejó al erario estatal prácticamente desfondado. Sin recursos ni para los gastos más elementales. Mucha de la agitación que vive la entidad se explica por la falta de solvencia económica. Muchos dirigentes de las cerca de 400 organizaciones sociales andan enloquecidos. El lunes vimos al Frente Popular Revolucionario –el FPR- en una de sus prácticas usuales: el chantaje. El gobierno no tiene recursos para soltarles los millones que exigen con marchas y bloqueos.

Si bien es cierto que ello no será un proceso fácil, el gobierno requiere de ir sentando bases diferentes de atención a grupos y organizaciones sociales. Algunos grupos empresariales y miembros de la sociedad civil, se han manifestado en contra de esa política de seguir alimentando a una casta de vividores que se han escudado en una supuesta lucha social, para pervivir –y muy bien- del erario estatal. No se pueden otorgar, como en el pasado reciente, miles de millones de pesos a fondo perdido. Gabino Cué entregó a un directorio de al menos cincuenta dirigentes, entre 2011 y 2013, más de mil millones de pesos.

Insistimos: ¿con cargo a qué o bajo qué criterios se entregan los recursos del pueblo a supuestos líderes sociales, que se pasan la vida en comederos de lujo; disfrutando de viandas y vinos; o viajando en vuelos de primera clase, y cuyo único mérito es encabezar a campesinos, jornaleros, comuneros, etc., cuya beligerancia explotan, al montar bloqueos carreteros o cierre de oficinas?

Como muchos, considero que ya es tiempo de ir terminando con esas prácticas de clientelismo político; de acotar esas complicidades e ir acabando con esa tendencia de algunos, de pervivir con los recursos del Estado que, en otras circunstancias deberían canalizarse para atender situaciones de rezago social. Los programas y recursos estatales deben llegar a los oaxaqueños más necesitados; a los programas para abatir la pobreza y el hambre, no a los bolsillos de unos cuantos vivales.

Estoy cierto de que será un proceso lento y desgastante. Pero no imposible. Quitarle los millones del erario público a quienes ya se acostumbraron a sorber la ubre a través del chantaje y la presión, ciertamente no es un asunto menor. Como en el 2006, cuando Ulises Ruiz les cerró la llave del presupuesto estatal a reconocidos membretes, sus dirigentes casi incendian Oaxaca. En el fondo fue eso lo que motivó la creación de la tristemente célebre Asamblea Popular del Pueblo de Oaxaca –la APPO-. La desesperación de esa casta de vividores, por seguir sorbiendo la generosa ubre oficial.  (JPA)

 

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