Opinión 

El comentario de hoy, martes 28 de junio

CNTE a1

Los oaxaqueños hemos vivido los últimos días, verdaderos momentos de furia. Oaxaca ha quedado materialmente aislada por los bloqueos carreteros; ha aflorado el odio, el encono y la frustración, ante turbas de mentores y grupos afines que nos han sometido. Nuestra paz social es a menudo perturbada por los mismos de siempre. Los mismos que pasean su impunidad y su victimización por doquier. La tragedia de Oaxaca pasa necesariamente por sus maestros.

Pero nada más asoman la nariz las corporaciones policiales para que entonces sí, los clásicos corifeos y defensores de los derechos de esa minoría que conculca los derechos de las mayorías, profieran el grito lastimero de ¡Represión!, ¡Represión! Los lamentables y dolorosos hechos de Nochixtlán, que a todos nos han lastimado, fue el corolario de la provocación. ¿De dónde salieron las armas de fuego que cobraron al menos seis de las ocho víctimas? Es una buena pregunta.

La CNTE y su componente numérico, la Sección 22, siempre han buscado víctimas. Eso todos los sabemos. Buscan muertos, como en el 2006, para hacer el show mediático. Por fortuna en Oaxaca ya a nadie engañan, sólo a los ingenuos. Por eso piden que sean los medios nacionales y extranjeros los que cubran sus actos de provocación: a ellos sí los sorprenden con sus mentiras; con  los rumores dolosos que difunden las redes sociales; con las amenazas y consignas.

La pregunta que a menudo se hacen personas ajenas a Oaxaca es: ¿por qué los oaxaqueños toleran estas acciones criminales que han propiciado el desabasto, carestía, desesperación y el secuestro de nuestro terruño? Es simple. Porque hemos confiado en que los gobiernos federal y estatal, nos restituyan la paz perdida; porque estamos ciertos de que la violencia sólo genera violencia, pero sobre todo, porque no hemos tenido la capacidad de unirnos; de responder; de emplazar a maestros y grupos de chantajistas con la misma arma que ellos utilizan: el chantaje.

Hemos vivido en el limbo. Los bloqueos carreteros han provocado pérdidas millonarias; han incubado más odio. La palabra maestros, Sección 22 o CNTE, se han convertido en un anatema, una apostasía, una maldición. Por ello, todo mundo aplaudió el pronunciamiento de los locatarios de los mercados. Es una seria advertencia. Somos muchos más. Quienes habitamos en el estado somos cerca de cuatro millones. No es justo que turbas de facinerosos, radicales y enfermos nos mantengan materialmente secuestrados y que todavía el gobierno federal les abra la puerta para el diálogo, que según el Secretario de Gobernación, “le dejó muy buen sabor de boca”. ¿Y por qué no nos pregunta a los oaxaqueños? (JPA)

 

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