El comentario de hoy martes 21 de marzo, 2017

De nueva cuenta, como en los peores tiempos del antiguo régimen, la entidad vuelve a estar convulsionada. La semana pasada, los citadinos tuvimos días –como se dice vulgarmente- de “perros”. Un Centro Histórico y una ciudad copada por la protesta de perredistas, normalistas, pseudo estudiantes de la Facultad de Derecho, vecinos de Santa Rosa o vaya usted a saber de dónde. El bloqueo se ha convertido ya en una institución; en una industria rentable: la del chantaje. Hasta el más torpe recurre al bloqueo.
Lo que llama la atención aquí no es sólo la apatía de las autoridades, sino de la misma ciudadana. La abulia de comerciantes, camioneros, locatarios de los mercados y ciudadanos. Tal parece que ya nos habituamos a estar secuestrados; que ya es parte de nuestras vidas. Un ejemplo de responsabilidad provino de vecinos de algunos poblados de Etla, la semana pasada, al emplazar a las autoridades a intervenir y usar la fuerza pública.
¿Quién o quiénes están moviendo perversamente las aguas? Eso deben saberlo en el gobierno, si es que sirve para algo su aparato de inteligencia. Algo más que intervenir y escuchar conversaciones telefónicas de periodistas. Es obvio que hay una mano siniestra que mueve los hilos. ¿Cómo está por ejemplo, eso de que la Unión Campesina Democrática (UCD) y la corriente del PRD, denominada Alternativa Democrática Nacional (ADN), movilizaron una centena de autobuses y pagaron a cada participante, 200 pesos, es decir, una inversión de alrededor de 4 millones de pesos?
Los bloqueos a calles y avenidas por parte de pseudo estudiantes de la Facultad de Derecho, por supuesto que no es algo fortuito ni su lucha ha sido genuina. Es el golpeteo al rector de la Universidad Autónoma “Benito Juárez” de Oaxaca –la UABJO- Eduardo Bautista, por parte de funcionarios desleales que están incrustados en la misma administración universitaria. Los vecinos de agencias y colonias que se movilizaron la semana anterior y participaron en los infames bloqueos, todos, repito, todos tenían etiqueta y servían a alguien.
Las preguntas son: ¿hasta cuándo los ciudadanos seguiremos lamiendo la coyunda; rumiando nuestra frustración e indignación, permitiendo que diez o veinte encapuchados nos roben nuestra tranquilidad y el derecho a vivir en paz? ¿Hasta cuándo, las autoridades dejarán de insistir en su manido argumento de agotar el diálogo, sin utilizar los instrumentos que la ley le ha puesto en las manos, pero sobre todo alentando la impunidad, que nos hacen aparecer –otra vez como en el gobierno de Gabino Cué- como un pueblo sin ley e ingobernable? ¿Cómo hablar del aliento a las inversiones, cuando lo principal, el Estado de Derecho, es una farsa?
Repito la consabida frase: sin orden y legalidad, jamás podrá Oaxaca remontar su rezago, su atraso y la tragedia de seguir viajando en el furgón de cola de la modernidad. (JPA)
