El comentario de hoy, martes 21 de febrero de 2017
Ante la exigencia de empresarios y ganaderos de las diversas regiones del estado, los organismos de seguridad han sostenido reuniones regionales. Uno de los temas que más preocupa en algunas zonas como La Costa, el Istmo o La Cuenca, amén de la inseguridad, es el abigeato. El robo vil de ganado se ha convertido en un serio dolor de cabeza, pero no para las autoridades, sino para los ganaderos y agricultores que trabajan prácticamente para los delincuentes.
En la zona limítrofe con Chiapas, en municipios como San Pedro Tapanatepec o Chahuites, se han dado una serie de homicidios. Se dice que la mayoría de los muertos son personas dedicadas al robo de ganado, al robo de las huertas de mango, entre otros ilícitos. Se percibiera algo así como ajustes de cuentas con la delincuencia común.
El abigeato no se castiga con penas corporales adecuadas. Por ello, los abigeos cometen su delito presumiendo impunidad. Es más, la modalidad que han instrumentado es entrar a los ranchos, sacrificar el ganado y llevarse la carne. Si hay algún vecino que sabe su modo de operar y tiene algún compromiso como boda, bautizo, XV años, acude a los abigeos y con una módica suma, salva el compromiso.
El delito ha crecido de manera exponencial. ¿Saben por qué? Porque no existe un control sanitario en el sacrificio del ganado. En el estado no hay rastros. Ello se presta a que la carne entre en el mercado sin control. La falta de rastros para el sacrificio de los animales, es un incentivo para el negocio ilícito y el incremento del abigeato.
Desde la legislatura pasada se ventiló la posibilidad de realizar reformas constitucionales y castigar dicho delito con penas más severas. La más improductiva de las legislaturas de la historia, simplemente archivó la iniciativa y ahí están de nueva cuenta los ganaderos, denunciado el saqueo de sus ranchos.
El área respectiva de la Secretaría de Salud, supongo que regulación sanitaria, debe promover la desaparición de los mataderos clandestinos y de sacrificio de animales, como en el tiempo de las cavernas: a golpes o pinchazos. Ello tiene que ver asimismo, con las leyes que han sido aprobadas para evitarles a los animales un sufrimiento innecesario, pues ya sabemos que en el ser humano, la crueldad no tiene límites.
Cuando existan mecanismos de control, podemos tener la seguridad de que el abigeato ya no será negocio. Lo urgente es que las diversas dependencias de seguridad y sanitarias, hagan su trabajo. Ello implicaría quitarle banderas en aquellas regiones en el estado, en donde los afectados estarían tomando la ley en sus manos. (JPA)
