El comentario de hoy, martes 13 de septiembre

A escasos dos meses y medio de que concluya la actual administración, se respira un grave vacío de autoridad; ausencia de responsabilidad institucional y algo que los sociólogos denominan anomia, que el diccionario define como un “estado de desorganización social o aislamiento del individuo como consecuencia de la falta o la incongruencia de las normas sociales”.
Sólo así se puede explicar que se estén permitiendo los actos vandálicos de los supuestos miembros de la comunidad normalista, que desde hace más de una semana, mantienen a la ciudadanía en zozobra, dado el nivel de acciones contra la ley que cometen. Y es que no sólo ha sido el cierre de vialidades como el martes y el viernes de la semana anterior. Sino el robo de combustible de un carro cisterna; el cierre premeditado y burdo de la Terminal de Primera Clase; el secuestro de autobuses y el saqueo, robo y vandalismo en algunas oficinas del IEEPO.
En cualquier parte del mundo, actos como éstos son castigados conforme lo dispone la ley. Se presume que los futuros maestros están ejerciendo presión para volver al tema de antaño: lograr plaza docente sin examen sino de manera automática. Como ya vieron que se le ha concedido todo a la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación –la CNTE-, pese a su regreso relativo a clases, ahora chantajean como antaño para lograr su propósito de ser maestros especialistas en movilizaciones y no en tarea docente.
La sociedad oaxaqueña, cansada de tanta impunidad y excesiva tolerancia, exige al gobierno actuar de inmediato. No se pueden permitir más acciones que lesionen la paz social y la gobernabilidad. Si bien es cierto que el vandalismo de la Coordinadora Estudiantil Normalista del Estado de Oaxaca –la CENEO- es un acto abierto de provocación, emulando al magisterio, especializado en victimizarse, es urgente sentar las bases para acabar de tajo con el chantaje, como instrumento de presión y debilidad del gobierno en turno.
Todo este tiempo, el ciudadano como usted o como yo, nos la pasamos soportando atropellos, abusos y atrocidades, ora de los maestros, ora de los grupos de choque de los transportistas, ora de los normalistas u organizaciones sociales, ante la mirada apática e irresponsable de las autoridades. Las trampas en las que ha caído la policía en eventos como el de Nochixtlán, han sido justamente para inhabilitarla para actuar. Si existe un poco de dignidad aún en lo que queda de la actual administración, se espera que se actúe conforme a la ley y no dejar para la historia, que se entrega una entidad no sólo devastada política, social y económicamente, sino también sumergida en la anarquía y la impunidad. (JPA)

