El comentario de hoy, martes 12 de julio de 2016

Desde el pasado 15 de mayo, los oaxaqueños hemos vivido una especie de secuestro. Aislados por vía terrestre del resto del país. Llegar por aire es realmente prohibitivo, ante el elevadísimo precio del boleto aéreo, aún en líneas que se decía, son de bajo costo. La obstinación, la terquedad, una supuesta lucha, de la que millones somos ajenos, nos mantiene en calidad de rehenes. Eso no lo entienden las llamadas comisiones de derechos humanos, defensorías y toda esa laya de farsantes.
Con los hechos de Nochixtlán, muchas opiniones coinciden en que el gobierno cayó en una trampa. Se presume que el bloqueo carretero lo mantenían los maestros inconformes, no grupos afines, anarcos, infiltrados o provocadores. Hoy, ya no es sólo la Reforma Educativa; tampoco la supuesta libertad de los presos políticos. La CNTE se salió con la suya: obtuvo los muertos que quería para ablandar al Estado. Pensar en un desalojo policial es prácticamente imposible. Los cuatro millones de oaxaqueños estamos en indefensión total. No hay gobierno; no hay Estado garante de nuestras libertades.
Los medios locales han tocado con claridad el problema. Lo hemos vivido. Conocemos a los incendiarios; a los que incitan a la violencia. A los que pegan con la izquierda, pero cobran el soborno con la derecha. Pero lo que ha permeado es la desinformación; los trascendidos dolosos; las interpretaciones de aquellos líderes de opinión de medios nacionales, que ven los toros desde la barrera. Ni conocen, ni saben, ni han vivido lo que los oaxaqueños padecemos a diario. Hablan in abstracto; opinan lo que alguien les comenta.
Algunos organismos internacionales, la ONU, la UNESCO y otros, asumen una tendencia infalible: culpar de todo al Estado; asumir como verdad irrebatible, la información que le manejan los quejosos, que paradójicamente son los mismos: los violentos, los sediciosos, los que siempre serán las víctimas. ¿Algún organismo de esos que dicen defender los derechos humanos, ha realizado una investigación seria sobre las pérdidas millonarias; el despido de trabajadores; el cierre de fuentes de trabajo; los daños y perjuicios ocasionados por turbas de enfermos, incendiando, extorsionando, saqueando, cobrando derecho de peaje? La respuesta es no.
El hartazgo está a flor de piel y el encono en contra de quienes nos conculcan nuestros derechos. En 2006 el eje del odio y la asonada fue el carnicero de Antequera, miembro del PRI. Hoy, los es Gabino Cué, quien fuera su aliado incondicional, el mismo que llegó el poder con una coalición de partidos. Los colores no importan. El enemigo no es un partido, ni el gobierno, ni los charros. El enemigo es el pueblo de Oaxaca.(JPA)

