El comentario de hoy, martes 10 de mayo de 2016

La Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca, nuestra Alma Mater, en donde se formaron una pléyade de grandes hombres, devino desde la década de los setentas, en un referente del porrismo y la violencia; de los vicios y el sindicalismo voraz, pero sobre todo, de los cacicazgos. Difícilmente una institución que es, en esencia formativa, puede con un magro presupuesto, poder solventar las erogaciones de familias completas metidas en la nómina, una de ellas denominada con ironía, la “familia real”.
Esta semana habrá elecciones en la UABJO. Se elige a un nuevo rector luego del paso desafortunado de Eduardo Martínez Helmes, de cuya gestión cuatrienal, poco hay que destacar. Pese a ello, hay una tendencia en nuestro medio a prolongar los tentáculos del poder. Una obsesión enfermiza por continuar en la ubre presupuestal. Algo así como convertir las instituciones públicas o el poder gubernamental en una especie de patrimonio familiar o personal. Perpetuarse pues en el manejo de los recursos, sin importar el saqueo de los mismos.
Ello podría entenderse tal vez en el poder público, pero no en una institución que, como todo mundo sabe, ha estado en los peores estándares de aprovechamiento académico y una total desvinculación entre docencia y sociedad. La UABJO ha venido cayendo en un bache irreversible desde hace más de cuarenta años. Hay que darle vuelta a la hoja. Es necesario emprender un cambio con visión de futuro. Erradicar esos vicios, esa gravitación de clanes perniciosos y de aquellos que se asumen propietarios ex officio de la paz universitaria.
Ha trascendido que son tres los aspirantes a la rectoría: Eduardo Bautista, académico, pero que según la opinión calificada de muchos universitarios, sería la continuación de la actual administración y la prolongación de una familia en la directiva universitaria; el doctor Miguel Ángel Reyes Franco y el ingeniero Silviano Cabrera Gómez, ambos universitarios de cepa pura, que podrían representar una alternativa de cambio; de mejoramiento académico o al menos, un intento tal vez utópico, para que la UABJO reivindique su papel de institución formativa ante el pueblo oaxaqueño.
La comunidad universitaria, abotagada por tantos paros, tomas de edificios universitarios, venta de calificaciones, porrismo e inseguridad, tienen la alternativa de votar por los mismos moldes de siempre o buscar alternativas viables que conlleven el propósito de restituir la identidad académica y de verdadera formación profesional, que son inherentes a una universidad pública que ha sido, aparte de todo, una de las esperanzas de miles y miles de jóvenes que año con año tocan sus puertas para ingresar a sus aulas. (JPA)
