Opinión 

El comentario de hoy, jueves 8 de diciembre de 2016

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El pasado primero de diciembre, Oaxaca estrenó gobernador. Las formas en las que fue ungido como tal Alejandro Murat Hinojosa, tal vez no fueron las tradicionales; apegadas al protocolo; a los escenarios faraónicos y multitudinarios. Pero se justifican, cuando en el ambiente prevalecía la amenaza de la sinrazón.

Varios factores motivaron que la asunción del nuevo gobernador se diera en una forma no convencional. La primera: el reconocimiento tácito de que el estado que le entregó el anterior gobierno, no era el que habían recibido sus antecesores. Murat recibió una administración pública colapsada, saqueada, materialmente desfondada; una entidad devastada desde el punto de vista económico, político y social.

Un segundo factor fue la presión de la Sección 22 de boicotear la toma de posesión. ¿Cuál era en el fondo la motivación para impedir un acto republicano y constitucional o a qué obedeció una movilización que sólo privilegiaba intereses sectarios, facciosos y torpes, de un segmento de la sociedad que pretende estar por encima de nuestro clima de libertades? La respuesta es simple: tratar de mostrar músculo y luchar por conservar sus privilegios; sus espacios de confort y tratar de intimidar al nuevo gobierno.

La dirigencia desoyó al llamado al diálogo y la civilidad; rechazó la mano extendida del nuevo gobierno para resolver los diferendos o demandas a través del diálogo. Se cerró y se montó en la sinrazón, ¿para qué? Para que les dieran madruguete; para que chamaquearan a sus dirigentes y fueran desde la mañana del día primero de diciembre, el hazmerreír de los oaxaqueños.

Un acto de prudencia fue evitar confrontaciones violentas con los transportistas de la CTM, que habían copado el edificio legislativo de San Raymundo Jalpan; violencia que hubiera empañado un acto oficial y contaminar el inicio de un gobierno. Los transportistas ligados al PRI, se replegaron. Esta acción no fue ponderada como un acto de madurez por el magisterio. Siguieron empecinados en su labor de zapa.

El nuevo gobierno ha iniciado labores en medio de una tormenta de protestas y pobreza presupuestal; en una entidad –como ya hemos dicho- totalmente colapsada. Sin embargo, pese a ello, ha extendido la mano para privilegiar el diálogo y la negociación. No obstante, cuando los caminos de la civilidad y la concordia se hayan agotado, hay que recordarle a Murat Hinojosa que el Estado tiene el camino del derecho. Oaxaca no requiere más posturas soterradas y de chantaje, sino el simple y llano predominio de la ley. Diálogo sí, pero también la fuerza de la ley y la justicia. (JPA)

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