Opinión 

El comentario de hoy, jueves 9 de junio de 2016

rapan maestros

La semana pasada, los medios de difusión se dieron vuelo para dar cuenta del linchamiento que padecieron unas maestras y maestros en Comitán, Chiapas, al menos dos o tres de la tercera edad, por parte de turbas de una organización que opera como brazo golpeador de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación –la CNTE- en dicha entidad. Fuimos testigos del ultraje, la humillación y la vejación que sufrieron dichos maestros, los cuales fueron rapados en plena calle.

Hechos como éste se repiten a diario. El fanatismo y la ignorancia han hecho presa incluso a personas con una profesión, como es el caso de los maestros. Se han perdido los valores, pero sobre todo, el valor civil. A la menor provocación, cualquiera agrede en multitud. Observe nada más lo que ocurre si algún operador de un taxi local o foráneo golpea su vehículo. Ante el reclamo, en segundo estarán detrás de usted, decenas de choferes con tubos y garrotes, prestos a darle el descontón por la espalda.

El valor civil y personal cedió a la cobardía. Atacar en multitud no sólo es un acto de cobardes, sino un hecho vergonzoso. Cuando alguien ha reclamado a los camioneros afiliados al directorio de sindicatos que hay en Oaxaca, la idea enfermiza de sus dirigentes de afectar los derechos civiles con los bloqueos, es jugarse la vida. Lo atacan sin misericordia, sea joven o anciano, estudiante o trabajador. Engallados, obnubilados por la turba que los protege, arremeten cobardemente.

Ya no hay pues valor civil o lo que nuestros padres llamaban cojones. Lo vimos en Oaxaca en el 2006, cuando grupos de fanáticos se asumían los jueces de instrucción y operaban juicios populares. Ataban de manos, llenaban de pintura o letreros humillantes o desarmaban y golpeaban ya desarmadas a mujeres policías, como el 15 de febrero de 2011. Escenas similares se vieron en Camboya, con el Khmer Rouge o en Kosovo, con los carniceros que implantaron ahí el toque de queda. Nada pues de qué sorprenderse de cobardes rapando maestras de la tercera edad.

Vivimos lo que la pensadora Adela Cortina, plasmaba en su obra: “Hasta en un pueblo de demonios”: una existencia salvaje, ausente de valores y preñada de cobardía. La ciudadanía ha perdido la confianza paulatinamente en aquellos tutores de la vida pública, como algún día fueron los maestros, en cuya madurez y tolerancia la habían depositado. Hoy es la multitud; la turbamulta, la que ajusta cuentas, sin moral, sin principios y lo peor, sin valor. Hemos descendido en la escala de la especie hasta asumirnos con animales irracionales. (JPA)

 

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