El comentario de hoy, jueves 24 de marzo de 2016

El asunto de las inversiones en energía eólica es nota de todos los días. El directorio de empresas extranjeras que pretenden invertir en Oaxaca en numeroso. La semana pasada vino una representación diplomática a promover la participación de capital danés. Durante la visita del presidente Enrique Peña Nieto al Istmo, se pusieron en marcha las instalaciones de una empresa italiana, dedicada a la explotación de energía eólica. Y es que nuestro potencial en ese rubro, es único en Latinoamérica y tal vez en el mundo. En ninguna parte el viento sopla con más fuerza que en ese corredor llamado por muchos la cintura de México, precisamente en donde siempre se ha pretendido construir el canal interoceánico.
Cuando la desaparecida empresa Mareña Renovables buscó nuevos aires, ante el fracaso de instalarse en San Dionisio del Mar, justamente en la Barra de Santa Teresa, y los encontró en Juchitán y El Espinal, convertida en “Eólica del Sur”, jamás se imaginó que el infierno de presiones y chantaje no habían terminado. El gobierno estatal, con la anuencia del edil de Juchitán realizó la famosa consulta. La asamblea comunitaria, al igual que los agricultores beneficiados con la renta de sus tierras, aprobó la instalación. Pero quedaron sueltos los íconos del chantaje y la extorsión de siempre, encabezados por los dirigentes de la Coalición Obrero Campesino Estudiantil del Istmo –la COCEI-.
Hoy, las inversiones en el Istmo tanto para la generación de energía limpia como otras, están en riesgo. Y es que nadie arriesgará sus capitales ante un clima permanente de inseguridad y extorsión. Y las inversiones están huyendo por varios motivos, como es el cierre de una conocida tienda de autoservicio en Juchitán, la semana pasada, luego de que un grupo ligado a la COCEI, que salió en defensa de una empleada, cerrara el negocio, dejando en calidad de secuestrados a 69 empleados y clientes.
Y el chantaje proviene no sólo de los grupos y líderes de todos conocidos, sino de los propios ediles, como es el caso de Saúl Vicente Vásquez, presidente de Juchitán, quien se dice está exigiendo a una de las eólicas que invertirá cerca de 14 mil millones de pesos, impuestos por 800 millones. Además, grupos delictivos locales, han creado un clima de zozobra y temor, ligados con supuestos defensores de la tierra, que han hecho abortar proyectos como el de la empresa Bii Yoxho.
El ambiente pues es denso. ¿Y saben por qué? Porque el chantaje y el desafío al Estado de Derecho se han convertido en una institución. No hay voluntad política para acotar los bloqueos; para meter en cintura a organizaciones cuasi-delictivas como la COCEI y otras más, convertidas en verdadero azotes y obstáculos para el despegue del istmo oaxaqueño. (JPA)

