El comentario de hoy, jueves 21 de julio de 2016

La semana pasada comentamos respecto al profundo desprecio que se advierte hacia Oaxaca, de parte del gobierno federal. Al menos los tres último sexenios, nada hay que agradecerles a quienes han sido huéspedes de Los Pinos. Nuestro estado podrá ser referente a cultura, tradición, gastronomía, arte y su rico patrimonio histórico, pero nada más. En otro ángulo, sólo será depositario de pobreza, ingobernabilidad, inseguridad, anarquía y corrupción.
Duele reconocerlo, pero nuestro atraso es congénito; está anclado en nuestra propia idiosincrasia. Por ello, el abandono de la Federación se justifica en que somos un pueblo incapaz de redimirse, de salir del marasmo, de abandonar los viejos cartabones de la supuesta rebeldía de unos cuantos. El presidente de este país sólo nos ve como enclave; como clientela política; como territorio de su partido, que aquí dio resultados, no como otros, en los que hoy ha plasmado su lucha anticorrupción: Veracruz, Quintana Roo y Chihuahua.
Hemos visto la mala fe en la aprehensión de algunos rijosos de la Sección 22, para luego liberarlos. ¿Era necesario generar problemas a la ciudadanía? ¿Era política de Estado para allanar el camino maltrecho de la Reforma Educativa o simple ocurrencia de quienes procuran e imparten justicia, para dar una muestra de un Estado fuerte? Los medios se volcaron para magnificar la aplicación de la ley; la vigencia del Estado de Derecho, muestras de un Estado fuerte, al que no le temblaba la mano, cuya verdadera naturaleza hoy ha quedado exhibida.
Un diálogo de sordos y una postura sumisa y complaciente, de espaldas a una realidad lacerante, de una ciudadanía lastimada que pide justicia. Mesas de negociación en la opacidad; en la discrecionalidad absoluta. La turbia política de antaño, de los acuerdos en lo oscurito; del soborno debajo de la mesa; de espaldas al pueblo. ¿Dónde quedó la cacareada Ley de Transparencia y su complemento, la rendición de cuentas?
Ese abandono de la Federación nos mantiene a la zaga del desarrollo nacional, de las bondades de la modernidad. Proyectos carreteros a medias; obras hidráulicas abortadas; viejos anhelos hechos trizas. El viejo proyecto del Istmo, que hoy se denomina Zonas Económicas Especiales, no es más que un espejismo. La sobada historia del puente interoceánico; del puente multimodal transístmico. El rico potencial eólico, bajo la amenaza permanente de organizaciones sociales. La inversión de 19 mil millones de pesos, de la “Eólica del Sur”, detenida desde hace cuatro años. Y así iremos arrastrando nuestras miserias, nuestra pobreza, ante la mirada apática de un gobierno para quien sólo representamos votos para su partido. (JPA)
