El comentario de hoy, jueves 2 de marzo de 2017

A tres meses de que inició la administración actual, existen áreas del poder ejecutivo que requieren de ajustes o información, que no sólo a los medios de comunicación sino a la ciudadanía en general, le despejen dudas y confusión. Por ejemplo, algunas fuentes revelan que en la Fiscalía General del Estado, hay un vice fiscal, que sin tener la ratificación del Congreso del Estado, como compete en estos casos, ha asumido, desde principios de diciembre, el papel de facto de jefe de la antes llamada Procuraduría General.
El Fiscal, que ratificó la Sexagésima Segunda Legislatura, ha actuado con prudencia, ante una verdadera aplanadora de quien se presume es su subordinado y, que fuera de la ley despacha asuntos que no son de su competencia. No debemos soslayar que se trata de un área clave de la gobernabilidad y que la procuración de justicia no puede estar condicionada a caprichos o mendacidad de usurpadores.
Un caso similar, aunque en otro contexto, ocurre en la Secretaría de Salud. A poco de que el ejecutivo estatal designara a la doctora Velásquez Rosas como titular, se dio asimismo la toma de protesta del doctor Luis Espejel, como Director General de los Servicios de Salud en el Estado. En el pasado era común que quien fungiera como titular fuera a la vez secretario o secretaria, al mismo tiempo que director general.
El asunto de indefinición se ha vuelto un escándalo mediático, que ha generado mayor confusión en la ciudadanía. Se exhiben nombramientos; hay declaraciones que sólo agudizan la confusión. Lo cierto es que los medios de comunicación difundieron en su momento la toma de protesta de ambos. Es decir, no es ocurrencia de quien los designó. Ahí están las fotos; ahí están las pruebas.
¿Esta situación contribuye al buen desarrollo del actual gobierno, atosigado como está con la devastación financiera, política y social que le dejó el antiguo régimen? Por supuesto que no. Alguien debe de manera oficial aclarar paradas y resolver estos entuertos. La disputa de competencias más tarde que temprano deviene conflictos personales, que pegan de frente a los quehaceres de un buen gobierno.
Se trata de dos áreas claves de la administración gubernamental que por su misma naturaleza deben estar más allá de conflictos internos y desavenencias personales. Con certeza, el que manda en la entidad es quien debe definir quién está de más en las dependencias y darle a cada uno su lugar. Que la falta de precisión en el ámbito de las competencias no empañe la buena marcha de una administración que, en estos primeros meses, se advierte que boga en un mar encrespado. (JPA)
