El comentario de hoy jueves, 15 de septiembre

Desde hace ya algunas décadas, en que la enseñanza del Civismo en la educación básica dejó su lugar a otros rubros, el amor y el respeto por los Símbolos Nacionales pasó a ser sólo parte del anecdotario popular. El Himno Nacional Mexicano, la Bandera Nacional, el Escudo y nuestros héroes nacionales, se miran hoy con el rasero de la modernidad, de la celeridad cibernética, pero no con aquella aureola de solemnidad y veneración, que alguna vez nos hizo forjar entre los sueños infantiles, los cimientos de la identidad nacional; la conciencia de pertenencia y la grandeza de la Nación mexicana.
Si bien es cierto que hay eventos que siguen concitando ese sentimiento de nacionalismo, como es el caso del tradicional Grito de Independencia, cuando los mexicanos gritamos toda la noche –como dijera Octavio Paz- quizás para callar todo el año, también es cierto que dichas efemérides y fechas históricas han caído en nuestro medio, a un nivel tan bajo, que ya se miran bajo la perspectiva del chantaje, la presión y el interés pecuniario. El plantón en el zócalo y la Alameda de León, por parte de ambulantes y otros especímenes, y hacerlo justamente en fechas emblemáticas del calendario cívico o tradicional, no tiene otro propósito que sacarle dinero al gobierno.
El ciudadano común, aquel que acude con su familia a disfrutar de ese sentimiento cívico cada año, se ha visto limitado ante la amenaza de maestros y grupos, difundida con antelación. El objetivo es boicotear, intimidar e imprimir miedo. Sorprende escuchar al ejecutivo estatal afirmar que la ceremonia de El Grito se llevará a cabo, como si ello fuera una acción que debe estar sometida al condicionamiento de dichos grupos o facciones. Una remembranza histórica, ante la apatía que prevalece entre la sociedad por los Símbolos Patrios, no debe estar más a merced de los citados grupos.
Ya es tiempo de que el gobierno, como depositario del poder del Estado, asuma el papel que le otorga la Constitución. No podemos ignorar que cada que se da la toma de posesión de un nuevo gobierno, el ejecutivo protesta “cumplir y hacer cumplir todo lo que mandata nuestra Constitución y las leyes que de ella emanan”. La apatía, la omisión y el incumplimiento, deben ser motivo de sanción. Hay que dejar de lado el temor de que se pasará a la historia con el estigma de la represión. Peor es dejar para las generaciones del mañana, la certeza de que se actuó con tibieza y con la candidez del pavo –que como dijera Armando Herrerías- amaina su plumaje al primer ruido. (JPA)
