Opinión 

El comentario de hoy, jueves 14 de julio de 2016

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Sin duda alguna, Oaxaca ha tenido un mal fario. Para el gobierno central parece que no existimos. A diario nos enteramos que hay cientos de obras que se inauguran en otras entidades del país. Aquí seguimos arrastrando nuestra miseria, la pobreza, el abandono. Desde el gobierno de Diódoro Carrasco, 1992-1998, en que se inauguró la obra más importante de los últimos cincuenta años: la supercarretera Oaxaca-Cuacnopalan, nada tenemos que presumir. Nuestro estancamiento es congénito.

Durante el régimen de José Murat, 1998-2004, el entonces presidente Ernesto Zedillo, de extracción priista, nunca nos vio con buenos ojos. La mala racha se exacerbó con Vicente Fox. El presupuesto federal era regateado. Nos dieron migajas. Para el panista estábamos fuera del Pacto Federal. El mismo gobernador tuvo que hacer protestas en la ciudad de México para que se escucharan nuestros reclamos.

Con el arribo de Ulises Ruiz, quien estuvo al frente del gobierno de 2004 a 2010, las cosas no fueron mejor. Si Fox hubiera estado consciente del riesgo nacional que implicaba el movimiento magisterial y popular del 2006, con certeza hubiera apoyado con la fuerza pública. Pero no. Seguía a pie juntillas los rumores que le escurrían algunos que habían sido sus simpatizantes. Uno de ellos, Flavio Sosa. Mantuvo a Ruiz Ortiz a raya, con miserias presupuestales. Lo dejó a su suerte con las turbas de la APPO. Y si éste se mantuvo en el cargo hasta el fin de su mandato fue porque el PRI ejerció presión para mantenerlo, a cambio de reconocer el triunfo del panista Felipe Calderón, impugnado por el eterno aspirante: Andrés Manuel López Obrador.

A ninguno de los anteriores le fue como a Gabino Cué. Asumió el poder con grandes expectativas que se fueron diluyendo al paso de los años. La primera visita presidencial, para festejar el arribo de la alternancia, el 15 de febrero de 2011, dejaron al ex presidente Calderón con un pésimo sabor de boca: los disturbios magisteriales le dejaron claro al mandatario que el poder fáctico en Oaxaca, era la Sección 22, también denominado Cártel-22. Calderón jamás volvió a pisar tierra oaxaqueña.

Con el triunfo del PRI y la llegada de Enrique Peña Nieto, las cosas prácticamente empeoraron. En ninguna parte del país, las Reforma Estructurales, la Joya de la Corona de este régimen, sobre todo la Reforma Educativa, fueron tan cuestionadas como aquí. Hubo la sospecha de financiamiento de la rebelión magisterial en 2013 y Oaxaca asumió una postura de rebeldía ante la Federación. Lo que hoy vivimos es producto de la incubación aquí, del huevo de la serpiente. Se dejó hacer y se dejó pasar a los maestros. Se les solapó hasta el delirio. Y aquí está el gobierno estatal, sin obra, sin gobernabilidad, estancado, endeudado y en una severa crisis de mando. (JPA)

 

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