Opinión 

El comentario de hoy, jueves 12 de mayo de 2016

Gabino_Cue

Uno de los estigmas de la actual administración que quedará para la historia política, es que sencillamente falló a la confianza ciudadana. Uno de sus ejes fue la transparencia y la rendición de cuentas. Pero tal parece que sólo fue una ficción. Lo que ha prevalecido igual que en el pasado, es la discrecionalidad y la opacidad. Las denuncias de malos manejos están no solamente en las redes sociales sino hasta en los medios llamados nacionales. Hay un adeudo millonario, que difícilmente podremos resarcirnos de él en el corto o mediano plazo. Se dice fácil, pero una deuda pública entre 14 y 16 mil millones de pesos, nos pueden tener los siguientes años pagando réditos de algo que con certeza quedó en unas cuantas manos.

Al inicio del gobierno de la alternancia se dijo que los ex funcionarios corruptos del pasado, tendrían que ser consignados. Es decir, ir a prisión por haber saqueado el erario estatal. Se insistió en que aquellos moldes de corrupción serían cosa del pasado. Nada ocurrió. Ni los corruptos del pasado pisaron prisión ni las cosas cambiaron. Seguimos caminando por los mismos surcos del tráfico de influencias y el conflicto de intereses. Una recreación de aquella película que el pueblo oaxaqueño se resistía a ver.

Sin embargo, hemos ido de sorpresa en sorpresa, pues resulta que los anuncios oficiales que se hicieron para que la opinión pública estuviera enterada de las sanciones que se aplicarían a los presuntos responsables de la corrupción en este gobierno, resultaron una farsa. Hay casos de inhabilitación que no fueron tales; casos de procesos resarcitorios, en donde los responsables de haber desviado recursos tendrían que devolverlos al erario, que de plano no existen, sino que en su momento sólo fueron para paliar el escándalo.

Lo que ha ocasionado molestia es la forma tan ruin en la que se aprovecha de la buena fe del ciudadano; de la forma perversa de burlarse de él. Estamos viendo escenas en otros países, Brasil, por ejemplo, en donde se somete a juicio político a su presidenta, como responsable de prácticas corruptas en una empresa paraestatal. Pero en México –y mucho menos en Oaxaca- eso no existe. Hay una especie de complicidad entre quien sale y quien entra para tapar hoyos, corruptelas y quebrantos económicos. Muchos nos preguntamos: ¿se justifica realmente una deuda pública de más de 14 mil millones de pesos, cuando ni siquiera hay obra que la valide? Desde luego que no. Sin embargo la deuda ahí está y como afrenta a la sociedad, los responsables seguirán impunes pues los castigos impuestos por la autoridad, son ficticios. (JPA)

 

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